Dos siglos antes de que Sam Altman presentara ChatGPT por todo lo alto, una mujer escribió el primer algoritmo de la historia. Y no solo eso: imaginó que las máquinas de las que hablaba podrían algún día componer música, crear arte o incluso generar ideas propias, algo que se hizo realidad bastante más tarde. El nombre de esa mujer es Ada Lovelace, hija de Lord Byron, y, para muchos, es la madre invisible de la inteligencia artificial. Invisible no por nada, sino porque durante más de cien años fue ignorada, a pesar de que su pensamiento sembró las bases filosóficas de la revolución digital actual.